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6 de septiembre de 2022

Héctor Quezada
Experto en Lixiviación
Pares&Alvarez

Muchos de los minerales que se extraen son destinados para el uso de tecnologías. Por ejemplo, un automóvil convencional de combustión interna usa hasta 23 kilos de cobre, uno híbrido (motor de combustión interna apoyado por motor eléctrico) usa entre 40 y 60 kilos de cobre, mientras que un auto eléctrico con baterías usa 83 kilos de cobre. Este ejemplo, el desarrollo de la electromovilidad, busca disminuir la huella de carbono, pero iniciativas como esta pierden parte de su sentido si se logran en base a un aumento en la explotación de recursos que no consideran su impacto en el medio ambiente.

En general toda la industria pesada y la minería, en particular, ha reconocido como desafío y un valor intrínseco de su gestión, el redefinir sus procesos para disminuir sus huellas de carbono e hídrica y bajar o eliminar sus impactos ambientales. En este ámbito se enmarcan la incorporación de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), la electrificación de flota, la incorporación de economías circulares, la innovación permanente y el mejoramiento continuo, de modo de disminuir sostenidamente el uso de recursos no renovables en el proceso minero. Este es el sentido que tiene la incorporación de procesos como la lixiviación clorurada, donde por ejemplo, para producir cátodos de cobre el consumo de agua es bastante menor por tonelada de mineral procesado que al considerar un proceso de concentración-fundición-electrorefinación, además de ser necesario procesar menos mineral.

Por otra parte, la lixiviación clorurada permite aumentar la vida de los yacimientos que por su baja ley estaban por ser abandonados. El uso de infraestructura existente, acondicionada para las nuevas condiciones de proceso, resuelve en forma atractiva el balance entre inversión de capital, costos de operación y rentabilidad, logrando con éxito transitar desde operaciones tradicionales de lixiviación de óxidos a una operación que permite la lixiviación de mixtos, sulfuros secundarios y transicionales (bornitas), con niveles de extracción competitivos.

Sin embargo, para materializar la descarbonización, es necesario ir más allá del proceso minero mismo y considerar, por ejemplo, la utilización de energías limpias y la provisión de aguas de fuentes como la desalación o reutilización de agua, camino que ya están siguiendo varias compañías mineras en Chile y el mundo.

Lo anterior plantea una serie de desafíos para la industria minera de los próximos años, donde la innovación será clave para que por medio de tecnologías más limpias, proyectos bien planificados y la reutilización de los residuos de la industria, se pueda lograr tener una minería verde.