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Víctor Contreras Cordano

Gerente General Ingeniero Civil Químico de la Universidad de Concepción

Víctor Contreras Cordano

12 de enero de 2021

El cambio climático ya está aquí, y sus repercusiones son múltiples e innegables. Un impacto palpable de esto en Chile es la escasez hídrica y la disminución de las aguas lluvias registradas en las últimas décadas, con repercusiones como el avance progresivo de la desertificación en nuestro país. El desierto está casi en las puertas de Santiago.
Con estos antecedentes, es claro que la forma en que tradicionalmente se gestionaba el agua, dada la actual situación, ya no es adecuada. Hay una serie de cambios por desarrollar e implementar para evitar pérdidas y mejorar la eficiencia en su aprovechamiento, todo ello incorporando inversiones, tecnologías, y conciencia en la comunidad. El agua, que era un bien disponible y accesible, se transforma en un bien escaso y valioso.

Para poner el tema en perspectiva, el consumo de agua potable es del orden del 12% del agua disponible, siendo la agricultura el mayor consumidor, con sobre el 70%. El consumo industrial y minero es también del orden del 12% en total. Claramente, la escasez hídrica tiene especial impacto en el agro.
Además, se debe considerar que este es un problema real, creciente, y muy importante, por lo que requiere ser abordado frontalmente. Los proyectos en carpeta, en general, no son neutros desde el punto de vista ambiental, aunque su impacto es medible y mitigable. Pero “para hacer tortillas se deben quebrar huevos”. Actualmente se discuten distintas alternativas para abordar la escasez hídrica, cada una con sus pro y contras, por lo que es necesario que como país tomemos decisiones informadas, y hagamos ciertas concesiones en aras del bien común.

Plantas Desaladoras

El agua potable y agua para la minería e industria tienen la solución “fácil” en la desalación. Esta es una solución madura y conocida, ampliamente aplicada en el mundo y en el norte de Chile. Las inversiones y costos de operación son comparativamente altos, pero son abordables por la minería e industria, al igual que por los consumidores de agua potable. La cooperatividad es deseable (que varios usuarios compartan una planta desaladora), pero no imprescindible. De hecho, en general las desaladoras construidas en Chile tienen un solo dueño. Tienen como problema que las capacidades son típicamente del orden de los 1 m3/s (1000 l/s), lo que las hace adecuadas para solucionar problemas relativamente pequeños. Sin embargo, parece la solución adecuada, para las necesidades de agua potable y para la minería e industria, mientras no haya otra opción. Su costo no las hace solución viable para la agricultura.

Carretera Hídrica

El proyecto de Carretera Hídrica es impulsado por la Corporación Reguemos Chile. El proyecto consiste en captar y transportar el excedente de agua de los ríos de la Región del Bío Bío, excedentarios, hacia el norte llegando a la Región de Atacama, vía un canal a ser construido en la precordillera.
La construcción de ese canal será un trabajo lago y arduo, impactando a mucha gente, con una gran cantidad de expropiaciones, permisos ambientales y parece un proyecto invasivo.
Además, presenta el problema de afectar el curso de los ríos que aporten el agua, desde el punto de entrega en la precordillera hasta su desembocadura. La disponibilidad de agua es variable en el año, con poca disponibilidad en el verano, lo que debe ser adecuadamente evaluado y proyectado en el tiempo. Por otro lado, este proyecto entrega las aguas en la precordillera, evitándose o reduciéndose necesidades de CAPEX y OPEX para llevar el agua desde el canal a los destinos finales.

Vía Marina

El proyecto de Vía Marina es impulsado por la empresa ad hoc Vía Marina. Este proyecto es similar al de Reguemos Chile, pues en ambos se toman aguas disponibles en el sur del país para llevarlos hacia el norte, donde el agua es más escasa y valiosa. Sin embargo, Vía Marina propone tomar el agua desde las desembocaduras de los ríos y transportarla vía ductos plásticos submarinos por nuestro Océano Pacífico.
Este proyecto tiene la ventaja de no afectar los cursos de los ríos del sur, excepto en un tramo corto ya llegando al mar. Las obras de montaje del ducto sería una faena con menos requerimientos de permisos y menos agresivo que la carretera hídrica, pero como el agua será entregada a la orilla del mar, obligaría desarrollar obras para transportarlas a los consumidores finales, con necesidades de CAPEX y OPEX.

Los proyectos de Reguemos Chile y Via Marina tienen aspectos comunes, ya que consideran regar, aproximadamente, un millón de nuevas hectáreas, duplicando así la cantidad de tierras cultivables de nuestro país, con un potencial enorme en cuanto a la generación de riqueza en las regiones del norte de Chile. Esto podría permitir un salto en el desarrollo estratégico de nuestro país, consolidando a Chile como potencia agroalimentaria y diversificando nuestra matriz productiva.
Ambos proyectos recuperan y valorizan terrenos de poco valor, los que pueden ser explotados con buen rendimiento económico, o vendidos para ello. Debiera ser atractivo, entonces, para sus dueños el poder regarlos y explotarlos, por lo que debiera haber inversionistas dispuestos a aportar el capital necesario. Sin embargo, el hecho de que se trate de gran cantidad de hectáreas y distribuidas geográficamente, puede dificultar acuerdos y demorar su avance.

Sin duda, que las alternativas planteadas son megaproyectos, con inversiones estimadas entre los 10.000 y 20.000 millones de dólares. Parece lógico que, teniendo tantas necesidades en Chile y con los beneficios económicos que podrían tener estas inversiones, que el Estado no debería ser inversionista.
Me parece que el camino es que el Estado tome un papel como conductor, responsable y catalizador, con un liderazgo claro y de alto nivel, de nivel de ministro, que dirija y responda los esfuerzos e iniciativas al respecto. De otra forma vemos difícil aunar esfuerzos en esta tarea tan compleja.